El Hotel Can Borrell, cuya carretera de acceso no presenta problemas -está abierta todo el año-, se sitúa a pocos pasos de las pistas de esquí. El establecimiento, una finca rural con 200 años de antigüedad reformada recientemente, está decorado con una típica sencillez montañesa muy reconfortante: paredes de piedra, cuidadas vigas de madera en el techo y bonitos suelos en madera de pino. Sus ocho habitaciones, todas ellas con vistas al valle, son muy acogedoras e ideales para familias o grupos de amigos. En el magnífico restaurante originalmente, un establo -, podrá degustar las mejores recetas de tradición catalana.
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